En un contexto donde la brecha entre los grandes medios tradicionales y las nuevas plataformas digitales se ha acortado, el concepto de fama se ha transformado de un privilegio elitista a un recurso accesible y comercialmente viable. En la última década, la proliferación de redes sociales, el ascenso del streaming y la democratización de la producción audiovisual han permitido que voces previamente marginadas alcancen audiencias globales de manera casi instantánea.
Los datos de 2024 muestran que los influenciadores de nicho en áreas como la gastronomía vegana, la arquitectura sostenible y los videojuegos móviles generan ingresos que rivalizan con los de celebridades consolidadas. Este fenómeno se extiende a la esfera política, donde los activistas digitales logran movilizar a las juventudes de forma más eficaz que los montos de campaña convencionales. El rol público se ha ido transfiriendo a las plataformas de streaming y a los canales de contenido generado por el usuario, transformando la manera en que las marcas se relacionan con consumidores amplios y segmentados.
En el terreno económico, la inversión en tecnología de realidad aumentada (RA) y realidad virtual (VR) ha acelerado la transmutación de la fama en un activo financiero. Patrocinadores están ofreciendo acuerdos de licencia de experiencias inmersivas, donde la audiencia no solo consume contenido sino también participa y monetiza ese proceso. La naturaleza “escapable” de estas plataformas permite a los creadores escalar territorios de negocio a los que antes eran inaccesibles, como los metaversos y los espacios de NFT relacionados con la identidad digital.
Al mismo tiempo, la ciencia de la “economía de la atención” se ha convertido en una materia talada de estudio. Los algoritmos que priorizan los datos de usuario y predicen tendencias emergentes están combinados con técnicas de machine learning que evalúan el valor de mercado de las “personas” en tiempo real. Esta intersección entre tecnología y sociología presenta desafíos regulatorios y éticos que las instituciones gubernamentales están comenzando a abordar con nuevas políticas de protección de datos y derechos de propiedad intelectual sobre contenidos generados por el público.
A nivel social, la fama un tiempo dominada por gestas hereditarias se abre a una pluralidad de voces que reflejan las realidades locales y los movimientos culturales. La posibilidad de que una persona de una comunidad LGBTI+ o de un pueblo indígena logre notoriedad internacional no solo rompe estereotipos, sino que también crea cascadas de influencia positiva que afectan desde la moda hasta la política electoral. En julio, por ejemplo, se vio cómo la joven diseñadora de Oaxaca logró un acuerdo con una firma de moda italiana, lo que generó un aumento notable en la exportación de textiles artesanales.
En síntesis, el fenómeno de la fama en Iberoamérica está experimentando una metamorfosis profunda. La convergencia de la tecnología digital, la economía de atención y las nuevas formas de producción cultural está redefiniendo el valor del reconocimiento y el impacto que puede generar sobre la política y la economía regional.
Fuente original: https://news.iberoamericaradio.com/manual/la-fama-1772392771182
Fuente: Redacción Iberoamérica
