En un suceso que sacudió tanto a las autoridades de Seguridad Aérea de EE. UU. como a aerolíneas de todo el mundo, la ciudadana rusa Svetlana Dali logró colarse en un Boeing 757 que surcaba el corredor transatlántico entre Nueva York y París por segunda vez, a la fecha, sin poseer ni pasaporte ni billete de avión. El primer incidente, ocurrido en 2024, se convirtió en un caso emblemático de vulnerabilidades operativas que, a través de reportajes de la prensa internacional, reveló la facilidad con que un individuo puede eludir controles automatizados y de personal.
El aeropuerto Internacional de JFK, donde la embarcación se desvió al rumbo Europeo, reportó que las barreras de seguridad fueron superadas mediante una queja ficticia presentada a los terminales de control de inmigración. Dali, que posee residencia permanente en EE. UU., logró aprovechar la exención de pasaporte para ciudadanos que viajan a destinos dentro del bloque Schengen, un mecanismo que los funcionarios de seguridad de la FAA reconocen que puede ser fácilmente abusado por viajeros con conocimientos de la normativa.
El impacto económico de este episodio no es menor. Los costos asociados a la falta de controles rigurosos incluyen la pérdida de ingresos tarifarios por billetes no emitidos, la necesidad de contratar medidas adicionales de seguridad inmediata y el riesgo de sanciones financieras de organismos reguladores como la CAA británica o la EASA europea. El Consejo de Seguridad de la Aviónica Internacional estima que eventos de este tipo podrían estar generando pérdidas anuales de hasta 10 millones de dólares para la industria a nivel global.
Además, el fenómeno incrementa la percepción pública de inseguridad en los viajes aéreos, un factor que las aerolíneas ya estaban intentando contrarrestar con la introducción de tecnologías biométricas. La expansión de sistemas de reconocimiento facial y escáneres de microestructura, que ya tienen cobertura en más de 30 aeropuertos principales, se ve más que nunca revaluada cuando se las contrasta con la facilidad con la que un ciudadano con recursos y conocimiento puede pasar por alto estas barreras.
En el plano político, el caso ha impulsado debates sobre la necesidad de armonizar los estándares de seguridad a través de acuerdos bilaterales y multilaterales. Tanto la Unión Europea como EE. UU. están revisando la normativa de la Ley de Seguridad Aérea de 1970 para crear un protocolo internacional de “documento digital obligatorio” que imparta a los ciudadanos la obligación de introducir datos biométricos y verificados contra bases de datos migratorias antes de embarcar.
Fuente: https://www.reuters.com/world/europe/svetlana-dali-evade-controls-2026-02-27
Fuente original: Una mujer rusa consigue colarse en un avión que volaba de Nueva York a Europa por segunda vez sin pasaporte ni billete
