La base de Prince Sultan bajo fuego
Este viernes, 27 de marzo de 2026, la tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo máximo tras un ataque directo contra la Base Aérea de Prince Sultan, situada a unos 100 kilómetros de Riad. El complejo, un eje logístico vital para las operaciones de la coalición liderada por Estados Unidos, alberga al Ala Expedicionaria 378 de la Fuerza Aérea de EE. UU. (USAF). Este incidente se produce exactamente un mes después del inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero y representa uno de los fallos de defensa antiaérea más graves desde el comienzo del conflicto.
Desarrollo: Misiles balísticos y enjambres de drones
Según fuentes del Pentágono y funcionarios familiarizados con la situación, el ataque fue una operación combinada que utilizó misiles balísticos de corto alcance y drones de ataque unidireccionales (tipo Shahed).
- Bajas humanas: Al menos 10 militares estadounidenses resultaron heridos (algunas fuentes como Reuters elevan la cifra a 12). Según el sistema de clasificación militar, dos de ellos se encuentran en estado crítico, mientras que ocho presentan heridas graves.
- Daños materiales: El impacto afectó directamente a la línea de vuelo. Imágenes de satélite y reportes internos confirman daños en al menos dos aviones de reabastecimiento KC-135 Stratotanker y un avión de alerta temprana y control E-3 Sentry (AWACS).
- Saturación de defensas: A pesar de que el Comando Central (CENTCOM) afirmó recientemente que los lanzamientos iraníes habían disminuido un 90%, este ataque demuestra que Teherán conserva capacidad para saturar los sistemas de interceptación Patriot mediante el uso de armamento «desechable» de bajo coste.
«El ataque en Prince Sultan es un recordatorio brutal de que, pese a la superioridad aérea aliada, Irán mantiene la capacidad de alcanzar activos estratégicos en el corazón de la península arábiga».
Declaraciones: «Sin tropas de tierra» pero con fuerza máxima
La Casa Blanca y el Departamento de Estado han reaccionado con firmeza ante el goteo de bajas:
- Marco Rubio (Secretario de Estado): «Vamos a destruir su marina, su fuerza aérea y sus lanzadores de misiles para que nunca puedan esconderse tras ellos. Podemos lograr nuestros objetivos sin necesidad de tropas de tierra».
- Donald Trump: Desde un evento en Miami, el presidente aseguró que EE. UU. tiene identificados más de 3.500 objetivos pendientes en suelo iraní y que la neutralización del régimen se completará «en cuestión de semanas, no meses».
- CENTCOM: Un portavoz confirmó que la cifra total de heridos estadounidenses desde el 28 de febrero supera ya los 300, con 13 víctimas mortales contabilizadas hasta la fecha.
Impacto y consecuencias regionales
El ataque ha tenido repercusiones inmediatas en la estabilidad de los países vecinos:
- Alertas en el Golfo: Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Baréin también informaron de interceptaciones de proyectiles y drones durante la noche del viernes, con restos de metralla causando incendios menores en zonas industriales de Abu Dabi.
- Advertencia de la Guardia Revolucionaria: La IRGC ha emitido un comunicado instando a los civiles de los países del Golfo a alejarse de cualquier instalación que albergue tropas estadounidenses, advirtiendo que continuarán su «deber de eliminar a las fuerzas terroristas americanas».
- Crisis de suministros: El ataque contra aviones de reabastecimiento limita la capacidad de patrulla de largo alcance de la USAF, justo cuando el bloqueo del Estrecho de Ormuz está estrangulando el comercio global de fertilizantes y crudo.
«Con 13 muertos y más de 300 heridos en un mes, la presión política sobre la administración para intensificar la respuesta o buscar un alto el fuego es máxima».
Información adicional relevante
Este es el segundo ataque de importancia contra la misma base en menos de un mes. El 1 de marzo, el sargento Benjamin Pennington resultó herido en una acción similar, falleciendo días después a causa de sus heridas. La persistencia de estos ataques, a pesar de la campaña de bombardeos aliados, sugiere que Irán está utilizando infraestructuras civiles o búnkeres altamente reforzados para ocultar sus lanzadores móviles, lo que complica la «neutralización total» que pregona el Pentágono.