Contexto: Evaluación tras 20 días de conflicto
En una comparecencia clave ante el Comité de Inteligencia del Senado este miércoles 18 de marzo de 2026, la Directora de Inteligencia Nacional (DNI), Tulsi Gabbard, ofreció el primer balance oficial detallado sobre el impacto de la operación conjunta entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.
Tras el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero —que incluyó la eliminación del anterior Líder Supremo y de figuras clave como el ministro de Inteligencia, Ismail Jatib—, la inteligencia estadounidense busca determinar la capacidad de resistencia real del régimen persa frente a una campaña que ha mutado de objetivos militares a infraestructuras energéticas críticas.
Desarrollo: Un régimen «debilitado pero operativo»
Gabbard fue clara en su diagnóstico: el régimen de Teherán se encuentra en su punto de mayor debilidad en décadas, aunque advirtió que no se puede hablar aún de un colapso total. Según los informes de la comunidad de inteligencia, la campaña denominada «Operación Epic Fury» ha logrado desarticular gran parte del engranaje bélico iraní.
Los puntos clave de la evaluación técnica incluyen:
- Degradación militar: Las capacidades de proyección de poder convencional de Irán han sido «largamente destruidas», limitando drásticamente sus opciones de respuesta a gran escala.
- Estructura intacta: Pese a las bajas en la cúpula, el aparato administrativo y estatal parece mantenerse en pie, lo que evita, de momento, un vacío de poder caótico pero prolonga la resistencia.
- Programa nuclear: Gabbard reveló un dato controvertido: el programa de enriquecimiento fue «obliterado» en ataques previos y no se han detectado intentos recientes de reconstrucción antes del inicio de esta guerra.
«La comunidad de inteligencia evalúa que el régimen en Irán parece estar intacto, pero se encuentra largamente degradado debido a los ataques constantes contra su liderazgo y sus capacidades militares».
Declaraciones y controversia política
La comparecencia no estuvo exenta de tensión. Gabbard tuvo que enfrentar duras preguntas de senadores demócratas, como Mark Warner, sobre si la amenaza iraní era realmente «inminente» antes de iniciar los bombardeos. Estas dudas se vieron alimentadas por la reciente dimisión de Joe Kent, jefe del Centro Nacional de Contraterrorismo, quien afirmó que no podía apoyar una guerra basada en lo que calificó como una «necesidad de seguridad inexistente».
Sin embargo, la DNI defendió la postura de la administración Trump, subrayando que un Irán debilitado que logre sobrevivir a esta guerra dedicará los próximos años a un esfuerzo masivo de reconstrucción de sus fuerzas de drones y misiles para volver a amenazar a la región.
«Si un régimen hostil sobrevive, buscará iniciar un esfuerzo de años para reconstruir sus fuerzas de misiles y vehículos aéreos no tripulados (UAV)».
Impacto: La amenaza de las milicias proiraníes
A pesar del debilitamiento central, la inteligencia de EE. UU. advierte que Irán sigue siendo capaz de golpear a través de sus proxies (grupos aliados). Los recientes ataques contra refinerías en Qatar y Arabia Saudí demuestran que, aunque el «centro de mando» esté afectado, las células regionales mantienen capacidad de daño selectivo contra la economía global.
El informe concluye que la presión militar ha exacerbado las tensiones internas en Irán, donde una economía ya maltrecha y las protestas sociales previas al conflicto están minando la legitimidad del gobierno actual frente a su población.
«Incluso si el régimen permanece intacto, es muy probable que las tensiones internas aumenten a medida que la economía de Irán empeore tras la destrucción de su sector energético».
