El Estrecho de Ormuz, por su lado estrecho de solo 21 kilómetros, es el corredor que conecta el golfo Pérsico con el Océano Índico, y en él se deslizan entre 18 y 25 millones de barriles diarios de crudo. Irán, que aporta alrededor del 4,5 % del consumo mundial y guarda el 10 % de las reservas mundiales de petróleo y el 18 % de gas natural, se ha convertido en la pieza clave para mantener la continuidad de esa cadena.
El sábado pasado, un ataque coordinado por Estados Unidos e Israel detonó la secta iraní, fomentando la audaz maniobra de bloquear el estrecho de Ormuz. La palabra fue rápidamente proclamada en las cancillerías de estados europeos y de América del Norte, generando una alarma que se sintió a nivel de las embajadas y centros financieros más críticos. Las primeras informaciones no mostraron la conclusión de la situación, lo que tomaron como señal de una posible escalada.
El Real Instituto Elcano publicó un estudio prospectivo sobre la amenaza que representaría un bloqueo total y la posibilidad de que Irán intensifique la contención. El escenario contempló un aumento de precios de 5 a 30 dólares por barril del Brent. Un incremento de 10 dólares podría generar una reducción de 0,4 % en el crecimiento mundial, mientras que una intervención de España alcanzaría la misma cifra pero con mayor sensibilidad, pues la economía española depende fuertemente del crudo.
En el caso concreto de España, los académicos de Caixabank Research han previsto que una subida de 10 dólares en el precio del barril suponga una caída de medio punto de crecimiento potencial. En un contexto inflacionario post‑guerra Ucrania, la relación entre precios de energía y precios de consumo es cada vez más estrecha, y la crisis no se limitará solo a los precios, sino que se traducirá en un descenso de la confianza y en una potencial desaceleración de la producción.
En escenarios de larga duración, la vacilación de la disponibilidad del petróleo a nivel global provocaría un contagio que podría quedar reflejado en los índices bursátiles, la estabilidad de los países emergentes y la política económica de los países desarrollados. La respuesta de Estados Unidos y su alianza con Israel se ve ahora condicionada a la posibilidad de que el riesgo de bloquear la ruta externa del crudo se convierta en una realidad palpable.
Fuente original: El ataque a Irán desestabiliza una zona crítica con el potencial de atascar la economía mundial
