Alí Jamenei, el Deaulis Supremo de Irán, murió a raíz de los bombardeos sistemáticos de Washington a las instalaciones nucleares de Teherán, marcando el final de un linaje de poder que había sostenido la teocracia iraní desde la Revolución de 1979.
El liderazgo de Jamenei se cimentó tras la muerte de su predecesor, el gran ayatolá Jomeini, cuando éste lo designó sucesor en el cargo de guardián espiritual. A lo largo de sus 40 años al frente, la Guardia Revolucionaria y las milicias conjuntas protegieron la continuidad del régimen, convirtiéndolo en una fuerza capaz de suprimir protestas y mantener su control sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Este sistema de partida múltiple influyó en la respuesta de Irán a los cambios globales, como la invasión de Irak en 2003, la expansión de su influencia en Siria y el Líbano y el despliegue del programa nuclear que provocó sanciones occidentales y la diplomacia de los acuerdos de 2015.
Con la muerte de Jamenei, la supervivencia del régimen dependerá de la doctrina de la Guardia Revolucionaria y de la posibilidad de que sus milicias transfieran la autoridad a un nuevo líder con el mismo nivel de respaldo militar y religioso. La situación política interna se coloca en una fase de incertidumbre: Se teme una potencia militar infructuosa, y los movimientos de oposición podrían ganar terreno.
La fiscalidad económica iraní también se ve vulnerable concreto cuando el régimen severá su financiación. El cangrejo de la economía con la austeridad que se genera mediante la sanidad diplomática concluye la aceleración de la substancia de la red de ingresos y la eliminación del poder militar.
Fuente: Jamenei, el líder todopoderoso e impopular que dirigió con mano dura Irán durante cuatro décadas
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