La penicilina, introducida a principios del siglo XX, sigue siendo una de las terapias antibióticas más utilizadas a nivel mundial. Su eficacia contra bacterias grampositivas ha hecho que los profesionales de la salud la integren en protocolos de tratamiento de infecciones respiratorias, urinarias y de piel. Sin embargo, sobre 90 % de la población que se informa con sospecha de alergia a este antibiótico no ha sido sometida a pruebas específicas, según indica la Sociedad Española de Farmacología y Alergología (SEFAP).
En el estudio presentado por la SEFAP, se revisaron los expedientes de más de 20 000 pacientes en hospitales de referencia en España. De ellos, 18 400 habían sido etiquetados como alérgicos a la penicilina por la simple exposición a síntomas anteriores o consultas externas sin pruebas diagnósticas concretas. Sólo 2 200 de estos casos presentaron pruebas de piel o provocación seguidas de un certamen clínico reproducible. El hallazgo revela una alarmante sobrecarga de etiquetas diagnósticas que no se sustentan en evidencia objetiva.
Para los pacientes, la consecuencia directa es la limitación de opciones terapéuticas. Cuando la penicilina y sus derivados son descartados sin respaldo, se recurre a antibióticos de espectro más amplio y, a menudo, más caros. La falta de una adecuada identificación del riesgo alérgico también aumenta la probabilidad de reacciones adversas a estos fármacos alternativos, y complica el manejo de infecciones graves. Además, el uso indiscriminado de antibióticos de espectro amplio abre la puerta a una mayor selección de bacterias resistentes.
Desde el punto de vista económico, el impacto se refleja en costes adicionales para los sistemas de salud. La prescripción de antibióticos de segunda línea suele ser hasta 30 % más costosa y la prolongación de la estancia hospitalaria se incrementa cuando las infecciones no se controlan adecuadamente. Según estimaciones preliminares, el mal reconocimiento de alergias a la penicilina incurriría en más de 15 millones de euros en gastos indirectos en el sistema nacional en el próximo año.
La SEFAP ha instado a que se implemente un protocolo nacional de diagnóstico alérgico que incluya pruebas de piel y provocación controlada. Además, se recomiendan auditorías regulares de casos etiquetados y la formación de médicos al respecto. Figuras como el Dr. Jorge Méndez, jefe de la unidad de inmunología clínica del Hospital Universitario de la Paz, enfatizan la necesidad de actualizar los registros electrónicos para evitar la perpetuación de errores de diagnóstico.
Fuente: Más del 90% de los pacientes etiquetados como alérgicos a la penicilina no lo son realmente, según la SEFAP
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