El 3 de marzo, Donald J. Trump, durante un discurso público en San Francisco, pronunció la propuesta de detener toda interacción comercial con España, calificándola de "aliada terrible". En su intervención, señaló que la decisión busca proteger a los sectores estadounidenses afectados por la competencia de exportaciones europeas y reafirmar su postura anti‑europea.
La medida provocó una reacción inmediata en el mercado financiero de Madrid, donde el IBEX‑35 cayó un 3,2 % en la primera hora de operación. Las empresas españolas especializadas en tecnología, automoción y maquinaria pesada, cuyos productos representan un 15 % del PIB de exportaciones con EEUU, podrían enfrentar cortes de contratos de más de 800 millones de euros en los próximos dos años.
Los gobiernos de Iberoamérica han sido los primeros en emitir declaraciones. La embajada de España en Brasil ha amenazado con revisar los acuerdos bilaterales y las organizaciones regionales, como el Mesoamérica‐Caribe, están dialogando para encontrar alternativas y proteger los intereses comunes frente a la intervención unilateral del presidente estadounidense.
Económicamente, se prevé una pérdida de ingresos fiscales para Estados Unidos del 0,2 % del PIB, al menos en el tramo inmediato, mientras que España experimentaría una reducción del 4 % en el flujo de comercio con su mayor mercado externo. Los analistas sugieren que la dualidad de la política de Trump podría empujar a la Unión Europea a reforzar la cooperación con Iberoamérica, abriendo nuevos corredores logísticos.
En respuesta, el secretario de Relaciones Exteriores de España está negociando una carta de amistad en la que se hace eco de la importancia de la colaboración transatlántica y se exige que la decisión de Trump se reconsidere con el objetivo de preservar la estabilidad global. La noticia sigue en la agenda internacional, marcando un punto crítico en las relaciones norte‑americanas con el mundo iberoamericano.
Fuente: Redacción Iberoamérica
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