El revuelto latinoamericano reciente cobra una relevancia emblemática con la situación de Cuba, la antigua potencia insular que, según las metáforas de la prensa, se asemeja a una fruta madura que, una vez separada de su tronco, inevitablemente cae. El contexto histórico se remonta a la intervención estadounidense del siglo XIX, cuando tras la Guerra Hispano‑americana y la ocupación de la isla, la política exterior de EE. UU. se centró en controlar estratégicamente el Caribe mediante bases militares en la bahía de Guantánamo y la zona de Puerto Rico. La doctrina de Monroe, en la que el Secretario de Estado John Quincy Adams proclamó la “irrevocabilidad” de un fondo de influencia norteamericana en la región, sigue marcando las conversaciones sobre la soberanía cubana.
En la última semana, el presidente Donald Trump regresó al pantano de la política exterior caribeña al mencionar una posible “toma amistosa” de la isla. Su aventura política se apoya en la reciente medida de bloqueo petrolero que ha obligado a Cuba a buscar alternativas de suministro a través de Venezuela, país con el que mantiene lazos estratégicos. La crisis energética y la falta de recursos críticos agravan la situación de una economía que ya ha sufrido un drástico colapso, dejándose a merced de la logística imperiosa de un régimen capaz de gestionar pocas plantas de distribución.
El panorama económico cubano se ha transformado de la pena pública a la situación de emergencia. El colapso de la red de abastecimiento de alimentos, el debilitamiento de la producción industrial y la inflación que tradicionalmente ha superado el 40 % cada año, han generado una crisis demográfica que ha impulsado un éxodo masivo de sus ciudadanos a la difusa comunidad cubano‑americana. Aunque la presencia de la expropiación clandestina del Sistema Nacional de Salud e infraestructura terrestre, sigue presente las dificultades para la adquisición de medicinas antidistantes, lo que ha hecho que los servicios públicos se asemejen a un mercado de prima.
Los cubanos, por su parte, se encuentran en una posición ambivalente ante la propuesta de intervención. Por un lado, se perciben como un refugio contra la mala gestión del gobierno central y se anima a la gente a volver a sus raíces y a los productos de la tierra, por otro, la comunidad cubano‑americana, frente al sonido de la incertidumbre, se muestra sorprendida con la posibilidad de un retorno del dominio militar en la isla que todavía resiste efectos de la antigua injerencia.
A nivel geopolítico, las antiguas competiciones entre EE. UU., Rusia y la potencia china han quedado, en gran medida, en desuso, con el resultado final la ampliación del dominio estadounidense sobre la isla a través de un bloque económico alternativo que se conoce como «Fragmento». En un escenario de expansión gubernamental, las escalas de negocio y la toma de medida intensiva sobre la distribución de recursos vitales se detendrán dependiendo de si la posición de la política exterior ante la actual crisis del deplecamiento se ve intensificada.
Fuente original: https://www.abc.es/internacional/cuba-fruta-madura-20260303195049-nt.html
Fuente: Cuba, como fruta madura
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